Dado mi descontento, y en honor al primer aniversario de nuestra maravillosa Spanish Revolution, que ahí ha quedado y por lo visto no parece traído consecuencias claras, en este nuevo 15M voy a comenzar una serie de artículos que espero me ayuden a mí y a los demás a pensar en lo que España, como nación, como sociedad y como conjunto de personas, necesita.
El principal problema que tiene España para salir de la crisis es que es España. Este país está lleno de personas con una capacidad increíble de buscar el beneficio personal y de olvidar que más allá de sí mismas hay muchas otras a las que, con toda seguridad están perjudicando. En esta maravillosa nación de sol, playa, jamón y fútbol, existen sólo dos tipos de personas los que van a ver al Madrid y los que van a ver al Barça (que me perdonen Ana y el Vicente Calderón). La división es aplicable a todos los ámbitos de la vida diaria, y tanto y más cuando se habla de política. Esa herencia, que viene de lejos, más allá del caciquismo, del reinado de Alfonso XII, es parte de la idiosincrasia de ser español. Y esa naturaleza es importante para el problema que nos ocupa.
Para salir de la crisis hace falta, en primer lugar, un liderazgo claro y un rumbo definido. Cosa que no tenemos. Porque hace falta alguien con pelotas, y no las oficiales de la LFP. Necesitamos políticos con agallas, y eso aquí no hay. Porque el político, líder, con las ideas claras y el rumbo prefijado que nos saque de la crisis va a necesitar apoyos, o una mayoría absoluta brutal. Y cualquiera de las dos cosas necesita de valor. Valor para hacer cambios, y no cambios que contenten a los mercados, no. Cambios que contenten a los votantes. Esos votantes que te refrendarán o te crucificarán en las urnas, o en la calle.
España necesita un cambio de rumbo. Hay que hacer una profunda reforma educativa, industrial, bancaria y social; que lleve a este país a cambiar la cultura del consumo a la cultura del trabajo. Se echa en falta, desde hace ya cuatro años un progreso real de las leyes, una adaptación del sistema financiero, industrial, energético, educativo y legal a la sociedad actual. Hay que dejar de intentar cambiar la tendencia social al progreso para anclarla en estructuras arcaicas. Dejen de intentar engañarnos con que lo de antes era bueno, porque era bueno antes, pero ya no. Cansados estamos de que nos engañen. Cambiemos, progresemos, trasnformémonos. Pasemos del pasado y entremos en el futuro, que vamos con retraso. Vayamos del bipartidismo al consenso, del recorte a la innovación. De la incultura a la educación, de la estafa a la responsabilidad. Esa es una de las más importantes características de un líder. Responsabilidad social, personal y política. Eso es lo que le pido yo a un gobernante. Está claro que busco gobernantes que no sean políticos.
De los muchos ámbitos que necesitan de reforma en este, nuestro maravilloso país, el más acuciante y que lleva una trayectoria decreciente más antigua es la educación. Y ojo, amigos, no me refiero sólo al último gran problema del Espacio Europeo de Educación Superior. No. No sé cuántas leyes orgánicas hacen falta en educación para que se den cuenta los políticos que deben dejar de intentar ser psicopedagogos cuando no tienen ni idea de lo que esa palabra significa. Hace una década que el sistema educativo español hace aguas. Cada día se incluyen en los programas educativos más contenidos, y como falta tiempo se empiezan a introducir en edades más tempranas. Pronto veremos a nuestros niños en educación infantil aprendiendo las tablas de multiplicar. Señores menuda locura.
Escuchen, ministros de educación, el consejo que les doy: déjense aconsejar. Busquen ayuda. Rodéense de gente con criterio, lean y escuchen los nuevos estudios que se están lanzando ahora sobre las óptimas edades para aprender y preparar la mente humana y aprendan ustedes que, lo que hace falta para reducir el fracaso escolar, la mala conducta en las aulas y aumentar el rendimiento escolar es dejar de buscar la nota máxima y empezar a pensar en la sociedad. Parece fácil de decir, pero no lo es. Lo sé, se imaginarán entonces que es aún más difícil de llevar a cabo. Puede.
A día de hoy la experiencia nos ha demostrado varias cosas:
- Que un mayor número de licenciados o titulados universitarios no hace que un país tenga mejores profesionales, de hecho, a los jóvenes se los rechaza de los empleos por exceso de cualificación o porque, con titulaciones como las que tienen, los sueldos no son los que los empresarios están dispuestos a pagar.
- Muchísimos de los contenidos que se enseñan en las universidades, incluso en las escuelas, están duplicados, mal estructurados y en definitiva no son útiles, y las empresas, cuando cogen a un empleado, muchas de las veces tienen que enseñarles en qué va a consistir su trabajo.
- La experiencia interina que se recibe y exige a médicos, en definitiva la práctica real, otorga un mayor grado de conocimientos, soltura y técnica a los aspirantes a profesionales que varios años de carrera sin más prácticas que delante de un ordenador.
Entonces ¿por qué si el sistema de educación superior no es el óptimo, lo mantenemos? Más aún ¿porqué seguimos enfocando todo nuestro sistema educativo a la consecución de un título que se ha ido devaluando con los años hasta ser menos útil que el papel higiénico?
Hay un claro error de planteamiento en el sistema educativo. Desde el gobierno de la nación (ése que tenía que tener liderazgo, responsabilidad y coj- digo agallas), se debe tener el único objetivo de ofrecer una educación básica y obligatoria completa para la total formación como personas y miembros responsables de la sociedad. Ése debe ser el objetivo a batir. Para ello, y atendiendo a la conyuntura psicológica variable de los alumnos a lo largo de su etapa educativa, o lo que es lo mismo a las hormonas de los adolescentes, debemos adecuar los sistemas educativos a las necesidades de los educandos. Cualquier psicólogo, qué digo, cualquier monitor de tiempo libre titulado (según la normativa vigente en todas las comunidades autónomas), tiene una noción básica de las diferentes etapas de la evolución psicológica de las personas. Pregunten ustedes a los psicólogos, a los pedagogos y escuchen los últimos estudios que refrendan que, el desarrollo de la inteligencia emocional entre los 12 y los 18 años es tan importante o más que el cuidado de la inteligencia cognitiva. Es decir, que saber gestionar los sentimientos es muchísimo más importante que aprender a saber si una progresión es aritmética o geométrica. Si enseñamos a nuestros jóvenes a gestionar sus emociones desde niños, no sólo estamos evitando la mala conducta en las aulas, sino que se está ahorrando mucho dinero en seguridad social en los futuros empleados por la cantidad de bajas laborales existentes por depresiones y estrés. Vaya, si va a resultar que ayudar a la sociedad y a las personas que la forman educándolos correctamente puede ahorrar dinero al país. ¡Qué cosas más extrañas digo!
Por otro lado, y paralelamente, se deben flexibilizar los itinerarios educativos para permitir una auténtica personalización de la educación de manera que ésta tienda cada vez más a la autoeducación progresiva gestionada y orientada por adultos, pedagogos y educadores. Hay que permitir a los jóvenes, a los adolescentes en su mayoría, que experimenten y conozcan cualquier posible vía de formación y cualquier tipo de rama profesional que pueda haber. Hablo de enseñar música de verdad, de enseñar arte de verdad, de enseñar cocina, o costura o diseño artístico. Un alumno de 4º de ESO que no ha aprendido nunca nada que no sean hitos históricos, tejidos corporales, ecuaciones algebraicas o fórmulas de leyes físicas no va a concebir el increíble abanico de ofertas culturales y profesionales que le brinda una sociedad plural como la actual. No sólo eso, no va a tener ofertas educativas reales que potencien su educación desde su propia iniciativa y sus centros de interés.
Hay muchos problemas a la hora de implantar el modelo educativo que he esbozado, por ejemplo:
- Será imposible que todos los centros públicos puedan ofertar todas las ramas. Pero debe existir siempre una oferta real en el barrio, ciudad o núcleo urbano donde se pueda explotar estos intereses. Quizás flexibilizando los horarios escolares se pueda conseguir una mejor gestión de los centros y las nuevas y diversas áreas educativas. Y quizás, además, si se potencia y mejora el uso del transporte público en los estudiantes y se facilita su traslado se pueda acceder a este tipo de educación.
- Si se desplazan los contenidos tradicionales en favor de los contenidos basados en los centros de interés de los estudiantes, ¿no se estaría reduciendo el nivel académico? ¿y la cultura básica de la que tanto se habla?
Si bien para el primer punto no tengo una respuesta clara (más bien un conjunto de ideas que no voy a tratar en este artículo, lo dejamos para posts posteriores), sí que tengo una solución o posible solución para el segundo aspecto. Cada vez más estudios confirman que los primeros años de vida son los fundamentales tanto a nivel de desarrollo emocional como cognitivo. Estas investigaciones demuestran que la educación emocional infantil no debe ser una opción para las familias trabajadoras, sino un fuerte pilar del sistema educativo. La mayor capacidad de aprendizaje de un niño se da entre los 3 meses y los 6 años. Siendo así, debemos dar a nuestros niños una importante carga educativa emocional y de calidad, además de introducir progresivamente y sin miedo los conceptos de cultura general y básica que tanto nos preocupan. Los cerebros de los niños son esponjas, pero necesitan de un cuidado mucho mayor. Dejemos de utilizar la educación infantil como herramienta para la conciliación de la vida laboral y familiar y tratémosla como la importantísima pieza del sistema educativo que realmente es.
Como veis, hay un claro objetivo transversal en toda esta diatriba educativa: la calidad. La calidad, ya no de la enseñanza, sino de la educación. La sociedad debe tender, como todos los aspectos del ser humano, a la mejora continua de la comunidad, y no me refiero a la mejora del estado del bienestar (o del consumo), sino a la mejora de las personas individuales y las personas sociales.
En esta dirección, y terminando ya, deber ir también el modelo educativo de educación superior. Tanto a nivel de los módulos de formación profesional como a nivel universitario. Aún más, este cambio de paradigma debe incluir a los cursos de bachillerato que son meros trámites y cursos preparatorios de la tan temida selectividad.
A nivel de bachiller, los estudios deben ser ante todo útiles. El 2º curso de bachillerato (que sigue siendo un COU aunque lo vistan de seda), debe ser una opción exclusiva para los que aspiren a una formación universitaria. Y de hecho, debe darse, en conjunto con la flexibilización de los itinerarios (basados en los centros de interés de los alumnos) anteriormente expuesta, un abanico de opciones real de módulos de formación profesional útiles y de integración directa en la vida laboral. He de decir que, en este aspecto, el sistema educativo español es bastante competente, aunque hace lagunas en el resto de áreas.
A nivel universitario, se debe cambiar el concepto de universidad actual. Hay que transformar nuestras universidades en centros educativos que se autosostengan, creando vías específicas en las titulaciones para aquellos alumnos que deseen dedicarse a la investigación y flexibilizando la incorporación de alumnos y profesores en los proyectos de investigación. Con vías específicas me refiero a duplicar las carreras en un sentido práctico: una vía profesional en la que se integren los conocimientos teóricos con prácticas reales en empresas y una vía de investigación en la que se vaya introduciendo al alumno en grupos de trabajo y desarrollo. De esta manera se financian los equipos de investigación a través de créditos universitarios del propio alumno y se afianzan los conceptos y conocimientos de los que buscan una salida profesional en prácticas en empresas, también cofinanciadas tanto por los créditos del alumno como por los convenios con las empresas.
En el tema de la financiación y las becas, prefiero no entrar, porque da para otro artículo exclusivo. Si alguien quiere debatir sobre ello, ahí están los comentarios.
En definitiva, tenemos mucho trabajo que hacer. Porque los políticos no van a hacer esto, tenemos que exigírselo. Sí, tenemos que forzar la máquina porque a día de hoy y tras ocho años de gobiernos incompetentes hemos aprendido (o deberíamos haber aprendido) que los políticos tienen que temer al pueblo, y que si el cambio no viene de arriba, entonces se tiene que forzar desde abajo. Y ese cambio, presumiblemente arduo, tiene que empezar necesariamente por un cambio en el modelo educativo.

